
Hoy soy un cero. Sin izquierda ni derecha, soy un cero. Una sensación de rareza me reseca la boca. Estoy sentada frente a un ordenador que no me oye, que no me habla y que solo vomita códigos binarios.
Soy un cero que quisiera ser uno o menos uno. Un Pi o menos que eso. Me detengo. Hay una paloma muerta y la observo desde el tercer piso. No me asombra, pero me he parado frente a ella sin pronunciar una sola palabra.
Aquel mutismo me abruma y solo tengo unas horas antes de otro dolor de cabeza y otras más después. Llegaré a esa puerta con las mismas ganas de verte. Miraré la luna llena y sentiré el mismo vacío de siempre invadiendo mi corazón.
Será la puerta o la ventana la que atraviese ese rayo al llegar la medianoche. Será la puerta o la ventana que me hará compañía hasta el amanecer. Entablaremos un debate sobre los hombres unidimensionales y callaremos al instante de comer.
Abriré mi bolso y retiraré de él una hoja. Leeré hasta agotarme esa sola línea allí escrita. Me perderé en la nada porque ahora solo quiero eso. Ser nada. Quisiera que mi mundo paralelo tomará las riendas del plano que en este momento cobra protagonismo. Si se invirtieran los roles…
Entonces no habría universidad, ni clases, ni trabajo, ni horas extras, ni pagos que hacer, ni trasnochadas, ni estrés, ni humedad, ni smock. Existiría y solo existiría aquella sonrisa leve que alzo en brazos, aquella otra que me ama desde hace 22 años, y otra que me admira por lo que soy.
El punto es que este cero empieza a sentirse poco menos que un insecto. Una sombra sin cuerpo que anduvo por algún lugar recordando sus pasos. Esta vez, se queda callada porque está rara. Es un cero que quiere ser uno o la sinergia de todo aquello que sume la unidad.




basta, fue demasiado…
estimado Jersson, te refieres a que fue demasiado malo, depre, melancólico… emo????
o demasiado qué?
Tengo esa duda…
Saludos,