Yacías sobre los cerezos y resbalabas tus ondas sobre sus hojas. Yo te sentía junto a mi pecho y te alimentaba. Abría mi boca para cobijarte cada noche y los gatos aullaban y huían de los escombros del día.
Yacías sobre los cerezos y tu boca me santiguaba. Creía que moriría al salir la aurora. El cielo empezaba a depejarse y nuestras dudas se disipaban.
Aquí las calaveras nos miraban asombradas, desencajaban sus maxilares sobre la tierra…
(líneas interrumpidas durante la producción. Ha llegado el profesor y las voces han empezado a sorber todo el aire del salón)




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