no tengo otra palabra.
el silencio me lleva a laderas adyacentes a los poros de la luna
que miran abiertos a los planetas
formando una ronda alrededor de las nubes en las que gaseosamente dibujo tu mano sobre la mía
siempre será tu mano
tu mano descendiendo de mi boca hacia mi voca
tu boca descendiendo de mi frente hacia el monte más lejano
siempre será tu boca
aquella existencia húmeda y lasciva
que entre música y poesía besaba mi vientre
la ira que despertaba a las tormentas
la furia de los rieles de mi intolerancia
tu boca, tus manos,
tu ser sobre mi ser reposados, hundidos en una tina de agua salada.
qué he hecho poesía, sino horrorizar cada segundo a estas manos
y a esta boca
que me leyeron el capítulo siete de Rayuela estando enamoradas.
pero su voz calló y cayó y calló y nunca más volví siquiera a escuchar un eco suyo
el eco que guió mis pasos en calles lúgubres
y lugares hediondos
el eco que me arrancaba la ropa para cantarme estrofas de hierro
no tengo otra palabra.
no tengo más versos.
porque el vacío sin manos y sin boca
ha llenado mi habitación de glaciares y desiertos
ha llenado mi habitación de toda tu ausencia.





