La cama de noche

Papá apagó la luz y el televisor. Colocó el control remoto debajo de la cama y a dormir. Entonces todo comenzaba. Las siluetas de los postes se dibujaban nítidamente entre las penumbras del dormitorio.
Un cuarto para cuatro, un ‘depa’ para ocho. En uno mis tíos, en este, nosotros.

No puedo dormir. No he podido nunca, no, porque cada vez que los veo desde las alturas de mi apolillado camarote, veo la misma escena: Un par de seres que solo se mueven para respirar. A veces pienso que de noche se transforman en un hombre y una mujer de piedra. Como cuando aquel erizo gigante del Narrador de Cuentos se quitaba la piel y se convertía en un hombre físicamente perfecto, de ojos y miembros perfectos.

Al revés de este excepcional erizo, que además de vivir en el bosque junto a un gallo gigante, tocaba maravillosamente la gaita, mis padres se desnudaban hasta arrancarse el corazón. En eso consiste su hechizo.
Por eso es que pueden recostarse sobre los resortes de un colchón viejo y no sentir los hincones que producen cuando te posas sobre él. Pero, hay algo que todavía no he logrado entender: Por qué es que jamás volverán a ser los mismos amantes, los que se juraban amor eterno mientras, sofocados, alcanzaban el éxtasis en medio de un silencio absoluto, encerrados en estas cuatro paredes que hoy lucen grasientas y manchadas. Recostada aquí , puedo distinguir mis primeros garabatos, mis stickers de Pedro Picapiedra y las líneas amorfas de mis últimos años.

En estas paredes yo vi las sombras de sus cuerpos agitados montándose, jugando, riéndose, casi siempre como en el cine mudo.
Esperaban a que nos quedáramos profundamente dormidas y luego estaban solos, escapándose en ficciones a bosques lejanos, a playas tropicales, de seguro a Máncora o a la casa de mi abuela en Catacaos.

Pero, mientras ellos fugaban yo despertaba de mis sueños para verlos, para escuchar sus susurros, para saber qué era lo que hacían. Hoy que lo sé quiero volver a verlos así, sin malicia ni morbo, solo por revivir la curiosidad de aquellos días.

Yo veía con agrado sus abrazos y sus besos, sus caminatas detrás de nosotras observando cuando Joyce sentada en el triciclo nos hacía sonreír con sus ocurrencias. Claro, yo pedaleaba con fuerza para alcanzar las cimas de esas subiditas tan imposibles. Sufría, ahora que recuerdo, pedaleando ese triciclo, con el que tantas veces me saqué, no la chochoca , sino la rechochoca. Por ahí debo tener alguna marca, alguna huella que quedó después de la costra.

Dos de la mañana y el estridente silencio hace de este lugar un cementerio, porque el calor de sus cuerpos separados se hace nada, es nada. Ellos son nada y con ellos no pasa nada de nada.

La has dejado de amar, y para romper la costumbre, sí para romperla, haz decidido romper con todo quedándote aquí en el cementerio y vivito para siempre.

Hoy en la mañana timbraron tres veces y tú estabas allí. Contestaste y respondiste en voz bajísima. ¿Quién era ah?
No me digas, quién podría ser… No me lo digas. Prefiero pensar que la inercia de esa cama de noche se debe al frío de este verano raro. Raro como tú, como tus cosas, como tu actitud indiferente hacia mí. Ya no me hablas. Yo sé porqué. Porque mi adolescencia se remonta otra vez para decirme que esta noche ha llegado al principio.
La madrugada se acentúa y este piso frío, que tu cama ya no ocupa, vive de noche y tu cama, hoy en un cuarto para dos, se mantiene inerte, pasiva, muerta, de noche.

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5 Responses to “La cama de noche”


  1. 1 GatoFranco abril 7, 2006 en 9:29 pm

    No se cual es la razón para que las personas se priven de este buen Blog. Considero superior tu estilo narrativo a tu estilo poético, querida amiga. Muy buen relato, tienes bastante noción del sentido de sensibilidad en una narración.

    ¡Ah! Eres sutilmente rajona 😛

    Pdta: Yo me encargo de que se haga más conocido, este, tu espacio. 😉

  2. 2 GatoFranco abril 7, 2006 en 9:29 pm

    No se cual es la razón para que las personas se priven de este buen Blog. Considero superior tu estilo narrativo a tu estilo poético, querida amiga. Muy buen relato, tienes bastante noción del sentido de sensibilidad en una narración.

    ¡Ah! Eres sutilmente rajona 😛

    Pdta: Yo me encargo de que se haga más conocido, este, tu espacio. 😉

  3. 3 Sam abril 7, 2006 en 9:41 pm

    Qué emoción mi primer comentario!!!
    Gracias Jean Paul. Me sorprende lo de poético y lo de lo narrativo. Puesto pensé que era lo opuesto.
    La vida está hecha de las cosas menos pensadas ¿no?

  4. 4 Bruno Ortiz B. abril 17, 2006 en 6:24 pm

    Mira, mi sensibilidad para temas de poesía y esas cosas es tanta como la que tiene un clavo oxidado. Sin embargo, debo decir que, por lo menos, este post se deja leer sin problemas e incluso hasta te hace escarbar en tus propios recuerdos. Solo como anécdotas un par de cosas: uno, en algún momento tendrás que escudarte en el silencio para seguir con tus prácticas nocturnas “sin molestar a nadie” (según uno, como si no se dieran cuenta); y dos, sé de un caso de una pareja que dormía con sus tres hijos en un mismo cuarto -no muy grande- y se las ingenió para tener dos hijos más (que se llevan un año entre sí). Ahora los siete viven contentos (aunque algo ajustados de plata y apretados de espacio) en un mismo cuarto.

  5. 5 Bruno Ortiz B. abril 17, 2006 en 6:38 pm

    Mira, mi sensibilidad para temas de poesía y esas cosas es tanta como la que tiene un clavo oxidado. Sin embargo, debo decir que, por lo menos, este post se deja leer sin problemas e incluso hasta te hace escarbar en tus propios recuerdos. Solo como anécdotas un par de cosas: uno, en algún momento tendrás que escudarte en el silencio para seguir con tus prácticas nocturnas “sin molestar a nadie” (según uno, como si no se dieran cuenta); y dos, sé de un caso de una pareja que dormía con sus tres hijos en un mismo cuarto -no muy grande- y se las ingenió para tener dos hijos más (que se llevan un año entre sí). Ahora los siete viven contentos (aunque algo ajustados de plata y apretados de espacio) en un mismo cuarto.


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Sara Apaza

1986. Estudiante de CC.CC. de la USMP, periodista multimedia del Grupo RPP y autora de cuanta catarsis se halle en este blog. Contacto: djagainst@gmail.com

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