La cama de noche

Acto seguido

¿Qué te importa que te ame Si tú no me quieres ya?
El amor que ya ha pasado
No se debe recordar.

Fui la ilusión de tu vida
Un día lejano ya
Hoy represento al pasado
No me puedo conformar
Hoy represento al pasado
No me puedo conformar
Si las cosas que uno quiere
Se pudieran alcanzar
Tú me quisieras lo mismo
Que veinte años atrás.
Con qué tristeza miramos
Un amor que se nos va -es un pedazo del Alma que se arranca sin piedad.
Veinte años, Buena Vista Social Club

1
¿Aló?.Aló, ¿Félix?. ¡Amor!
Sí, soy yo. ¿Cómo estás? Nos vemos ahora, como quedamos. Hoy voy a hablar con las chicas.
Bien, amor. Te espero entonces. Te amo.
Yo también. Paso como a las siete. Cuídate amor.

2
Esa tarde mamá habló con nosotras. Como amigas, dijo. Yo estaba recostada sobre la cama con un dolor de cabeza insoportable. Creo que tenía gripe. La tele estaba encendida y afuera, en la canchita, una pollada llena de gente, de chelas y Caballo viejo a full volumen. Cuando mi hermana entró al cuarto, todo se volvió silencio.

¿Saben? Hoy fui al mercado con su papá y hablamos de muchas cosas. No sé cómo fue que tocamos el tema de su tía Gloria. Pero él me dijo que tus tíos ya se están separando y que el tío Winston ya no va a volver a la casa. Luego, mientras comprábamos el pescado, yo le dije yo ya sabía eso porque tu tía ya me lo había comentado. Incluso me había dicho que tu tío Winston tiene otro hijo y que ahora vive con su otra familia. Y que por eso solo va los domingos a las casa de la abuelita.
Mi hermana interrumpió el monólogo de mamá diciendo: Mami, cuenta rápido, Pepé me está esperando afuera. Vamos a salir al parque van a estar todos ahí.
Fue entonces que, como a todo periodista, la curiosidad empezaba a devorarme y quería que mamá me diera ‘la pepa’ de una buena vez, entonces dije: Sí mamá, apura que a mí los ojos se me están cerrando y me duele la cabeza.
Esperen un momento que a lo que voy es que – Retomó mamá la palabra- Tu papá me preguntó cómo sería eso… lo de la separación. Yo le dije que de eso no sabía nada, pero que podía consultarlo con el esposo de la Señora Isabel.
¿Y? ¡Qué más mamá!- preguntó mi hermana.
Mamá contestó: Que tu papá me dijo que… bueno, que ya lo de nosotros había sido y que nosotros no podíamos seguir juntos, porque él ya tenía otra cosa…
Entonces, ¡no puede ser! Porque díganme, cómo es que el va a seguir durmiendo acá si es que está faltándome a ustedes, a mí, a la casa, ¿cómo va a ser eso?
Está loco- grité, me sentía furiosa, impotente. El vacío existencial se agrandaba a pasos realmente gigantescos. Veía en ese instante los ojos llorosos de mamá. Veía las huellas de su edad pasados veinte años. Veinte años de un matrimonio de soledad. Veinte años míos. Porque nadie me quita de la cabeza que se casaron con el motivo engendrado y que yo, a los cinco meses llegué. La casualidad puede darme la razón porque yo nací a los ocho meses no a los cinco. Prematura sí, como siempre, hasta para nacer me apuré. En fin, no tenía dudas.
¿Dónde está el amor? ¿Cómo hallarlo después de veinte años?
La voz quebrantada de mamá seguía: Yo le dije que si el tenía otra cosa que se fuera porque no solo me faltaba a mí, sino a ustedes también… a la casa. A esta casa que durante veinte años lo ha recibido. Esta casa que nunca le ha costado ni un sol, porque él jamás ha pagado un alquiler, porque tu abuelita Mañu jamás le cobró por el cuarto que nos dio. Mi mamá jamás lo hizo, Sara, nunca.
Mami ¿qué más le dijiste?- Dijo Joyce mientras se secaba la lágrimas.
Que él tenía el deber de hablar con ustedes y decirles lo que él estaba haciendo.-Respondió mamá- Que debía explicarles la verdad. Así que ahora que regrese por favor, ustedes escúchenlo. Y , por si acaso, ustedes no saben nadita, ¿ya?. Sino él va ha pensar que yo las estoy poniendo en su contra y no es eso. Es que yo …
Yo solo pensaba en un pasaje a la luna, a cualquier lugar lejano, con tal de no ver y oir lo que en ese momento estaba viviendo.
Pero ¿qué quiere?,- exclamé nuevamente- yo no pienso hablar con él, ni si quiera lo voy a mirar. Si quiere que hable con Joyce pero conmigo no. .¡Lo odio! Yo no pienso recibir ni un sol de su sueldo. Así que este semestre me quito de la universidad porque con el sueldo de mis prácticas no voy a poder…
Tú, no vas a dejar nada- dijo mamá- ¿cómo vas a dejar de estudiar? Ya hemos hablado de eso… Yo solo les cuento esto porque ustedes son las dos únicas personas a las que yo les puedo contar esto. Entiende que yo no tengo a nadie más.
Mami, ya no llores… – añadió Joyce que intentaba calmar a mi mamá.
Quise salir, porque ya no me daban las ganas de quedarme ahí. Respirar. El aire sigue siendo el mismo. Todo es lo mismo. Después de veinte años a uno no le queda pero ni la leve huella de haber amado o compartido tal vez, una ilusión tan larga como aquella.

Sara, espera ¿A dónde vas?- mamá me retuvo con fuerza y lágrimas recorriéndole el rostro- No te vayas, quédate.Joyce: Cierra la puerta. Sara escucha: Él tiene que hablar con ustedes. Luego tú podrás decirle lo que sientes, pero deja que él que te diga las cosas.

3
Abrió la puerta. La sombra estaba allí. Como siempre alta, triste, melancólica, nauseabunda.

Sara- me habló papá- Ahora que me fui al mercado con tu mamá, hablé con ella. Necesito hablar contigo y con la bebe ¿cúando puede ser?
Yo que ni siquiera quería mirarlo le contesté: Papá aprovecha ahora, porque yo mañana regreso tarde de la universidad y ya no te voy a ver. Dime de qué se trata.
El rostró le cambió. Se había puesto serio. Conociéndolo como lo conozco, diría que estaba fastidiado.
Luego te digo- me respondió.
Dímelo ahorita porque Joyce está afuera. ¿qué pasa?- Necesitaba escucharlo de su boca. Necesitaba saber que quería irse para siempre. Que ya no quería a mi mamá. Que el amor para siempre no existe. Que es un sueño la vida entera y el amor como consecuencia, también.

Mira hija- me respondió en voz baja- tú bien sabes que la relación con tu mamá es insostenible y no da para más. Ellla lo que dice, es que yo me vaya. Dice que yo al quedarme aquí le estoy faltando el respeto, que le estoy faltando a la casa y tantas cosas más…

Aunque ya sabía lo que iba a decir, la lavandería no me pareció el lugar más indicado para continuar la conversación. Así que le dije: Vamos al cuarto papá. Ahí vemos ¿ya?
¡Joyce! ¡Ven de una vez!- llamé a mi hermana.

4

¡Qué pesada! ¡Ya voy! Chau Pepe. Nos vemos. No te olvides de decirle a Daniel lo de su fiesta ¿ya?
No, amor, no me olvido. ¡Bye!

¡Joyceeeeee!- volví a llamarla.

Mi hermana cerró la puerta de la calle, caminó hasta el pasadizo y se detuvo en la entrada del cuarto. Allí contempló, durante segundos, el rostro agotado de mamá, las cejas arqueadas de mi padre, los pelos de Nikita esparcidos en el piso, la tele una vez más encendida.
Después de viente años, la noche nos había cogido a todos en una despedida fría y áspera.
Cuando mi hermana entró al cuarto, todo se volvió silencio.

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6 Responses to “La cama de noche”


  1. 1 Valeria abril 14, 2006 en 7:04 pm

    A veces así es mejor…cuando leí este post recordé cuando yo viví lo mismo….aunque era más pequeña debo confesar que no fue traumante ni mucho menos. Al final y con el tiempo comprendí que a veces las cosas son mejor así… a veces también pienso que hubiese pasado si el estaría aún aquí con nosotros, pero no me debo poner en supuestos, solo queda seguir adelante hasta que todo vuelva a su “nueva normalidad”, que puede ser mejor

  2. 2 Valeria abril 14, 2006 en 7:16 pm

    A veces así es mejor…cuando leí este post recordé cuando yo viví lo mismo….aunque era más pequeña debo confesar que no fue traumante ni mucho menos. Al final y con el tiempo comprendí que a veces las cosas son mejor así… a veces también pienso que hubiese pasado si el estaría aún aquí con nosotros, pero no me debo poner en supuestos, solo queda seguir adelante hasta que todo vuelva a su “nueva normalidad”, que puede ser mejor

  3. 3 Bruno Ortiz B. abril 17, 2006 en 6:33 pm

    No soy quien para decir nada pues se trata de una experiencia que no me ha tocado vivir. Lo único que me animo a decir es que -suscribiendo lo dicho por Valeria antes- a veces las cosas pasan por algo y es mejor que sucedan así. Sin embargo, debo decirte que por ningún motivo dejes de creer en el matrimonio pues pese a los ejemplos que uno pueda tener en frente o en la casa, uno es el responsable de su vida y el tener una buena vida solo depende de nosotros mismos.

  4. 4 Bruno Ortiz B. abril 17, 2006 en 6:39 pm

    No soy quien para decir nada pues se trata de una experiencia que no me ha tocado vivir. Lo único que me animo a decir es que -suscribiendo lo dicho por Valeria antes- a veces las cosas pasan por algo y es mejor que sucedan así. Sin embargo, debo decirte que por ningún motivo dejes de creer en el matrimonio pues pese a los ejemplos que uno pueda tener en frente o en la casa, uno es el responsable de su vida y el tener una buena vida solo depende de nosotros mismos.

  5. 5 Noelia Camacho abril 29, 2006 en 5:40 am

    Vivir este tipo de experiencias siempre es doloroso, pero es peor ver el sufrimiento de las personas que quieres, incluyéndose uno mismo.
    Mi experiencia en este tema es en carne propia. Mis padres hace muchos años perdieron el amor y el respeto entre ellos.
    Mi ñinez tuvo varios matices: felicidad, tristeza, júbilo, muchísimo amor paternal y también mucho llanto.
    Mi mami se casó enamorada de mi papi. Èl lo hizo porque encontró a la mujer que sería la madre de sus hijos. El amor por ahí pasó, fruto de esto somos mi hermano y yo.
    Para redondear la idea, no te aflijas por lo que te ha sucedido, peor es ver a tu mami sufriendo por un amor no correspondido, mientras tu papi encuentra mejores razones para quedarse fuera de casa, peor es escuchar gritos o ver volando un plato, un vaso o cualquier material que pueda romperse en la cabeza de alguno de ellos (en serio, una vez mi mamá le rompió una guitarra en la cabeza de mi papá jajajaja, aun no sé como sobrevivió el pobrecito -no quiero ser mala, pero se lo merecía por pendenciero-).
    Sarita: a pesar de todo lo que te cuento, aun creo que el amor existe. Esta experiencia no puede marcar negativamente tu vida. No lo hizo conmigo, aun creo que en los cuentos de hadas y mi príncipe en su caballo blanco.
    Y coincido con Valeria y Bruno, todo tiene una muy buena razón y es mejor así.
    Hoy puedo decir que vivo tranquila, con el amor de mis padres (separados a más de diez metros de distancia jajaja) ellos nunca dejaron de ver por mí.
    La separación de tus padres no debe cambiar la persona que tú eres, no puede cambiar a la siempre sonriente Sarita.
    Dios te bendiga muchísimo.

  6. 6 Noelia Camacho abril 29, 2006 en 1:26 pm

    Vivir este tipo de experiencias siempre es doloroso, pero es peor ver el sufrimiento de las personas que quieres, incluyéndose uno mismo.
    Mi experiencia en este tema es en carne propia. Mis padres hace muchos años perdieron el amor y el respeto entre ellos.
    Mi ñinez tuvo varios matices: felicidad, tristeza, júbilo, muchísimo amor paternal y también mucho llanto.
    Mi mami se casó enamorada de mi papi. Èl lo hizo porque encontró a la mujer que sería la madre de sus hijos. El amor por ahí pasó, fruto de esto somos mi hermano y yo.
    Para redondear la idea, no te aflijas por lo que te ha sucedido, peor es ver a tu mami sufriendo por un amor no correspondido, mientras tu papi encuentra mejores razones para quedarse fuera de casa, peor es escuchar gritos o ver volando un plato, un vaso o cualquier material que pueda romperse en la cabeza de alguno de ellos (en serio, una vez mi mamá le rompió una guitarra en la cabeza de mi papá jajajaja, aun no sé como sobrevivió el pobrecito -no quiero ser mala, pero se lo merecía por pendenciero-).
    Sarita: a pesar de todo lo que te cuento, aun creo que el amor existe. Esta experiencia no puede marcar negativamente tu vida. No lo hizo conmigo, aun creo que en los cuentos de hadas y mi príncipe en su caballo blanco.
    Y coincido con Valeria y Bruno, todo tiene una muy buena razón y es mejor así.
    Hoy puedo decir que vivo tranquila, con el amor de mis padres (separados a más de diez metros de distancia jajaja) ellos nunca dejaron de ver por mí.
    La separación de tus padres no debe cambiar la persona que tú eres, no puede cambiar a la siempre sonriente Sarita.
    Dios te bendiga muchísimo.


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Sara Apaza

1986. Estudiante de CC.CC. de la USMP, periodista multimedia del Grupo RPP y autora de cuanta catarsis se halle en este blog. Contacto: djagainst@gmail.com

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