Solitario por oficio y beneficio

Antes de revisar el inicio de “Mrs. Dalloway” , obra magnífica de Virginia Woolf, a quien quise leer apenas terminé de ver la película “La Horas”, quisiera escribir sobre una de esas cuestiones que asumiéndolas como cosas más que anecdóticas, han empezado por robarme el sueño.

Una de las cosas que más me unían a mi mejor amigo, y que tal vez nos unirá para toda la vida, es esa condición de terceros. Esa que nos invita a salir por la puerta trasera porque ni modo pues, dos siempre son compañía y tres siempre serán multitud.

Un tercero de oficio y vocación sabe lo que es sentirse verdaderamente solo. El apasionamiento por la soledad a medida que el tiempo transcurre, crece. Uno ve llegar a los nuevos amigos que pronto reponen a aquellos que tal vez se fueron o que se alejaron un poquito de ti. Entonces, carambas, cómo negarse a los demás. Ahora hay más cosas qué compartir, de las que hablar, de las que en secreto sueles confesar.

Pero nunca falta ningún infame. Un infame que se introduce, un tercero que logra sacarte del camino fácilmente y te atrasa. Te atrasa y te convierte en el tercero. Volvemos al número ideal. Tres. Cuenta ahora. Ella es uno, él es dos y tú ahora eres tres. Entonces debes entender que tu pata ha de acomodar su tiempo. Lo acomoda para la universidad, para la familia, para el enamorado y para los amigos. Lo acomoda para todo. Aunque esto de acomodar casi nunca resulta.

Veamos cuan cómodo se siente uno. Digamos que si quieres salir al cine, sabes que vas a ir al cine con tu pata y su enamorado(a). Van a una discoteca, tienes que pensar que ya no puedes ir solo con tu pata, sino que ahora para evitar quedarte solo(a) en medio de la pista de baile tienes que conseguirte a la mancha perdida de la universidad. Esa mancha amorfa que son tus broders, tus patas de broncas y juergas. Llamas a todos con tal de no quedarte solo esa noche.

Para todo esto hay que tener suma paciencia. Una habilidad casi innata. Tienes que haber nacido con ese don maravilloso para tocar el violín. Sí porque es así como uno se vuelve músico, aunque yo solo sepa tocar la puerta.

Tantas veces me ha ocurrido que mi pataza del alma, mi chochera de toda la vida, está conversando conmigo de lo mejor y luego viene su enamorado e inician su bendito ritual de caricias, besos, abrazos, frases melosas. Un escenario completo como para un comercial de Radio Corazón o alguna de esas estaciones patéticamente bobaliconas.

Lamentablemente, yo que nunca suelo darme cuenta de los líos en los que me meto, sin querer queriendo termino por ser la manzana de la discordia.

Hace como un año algo realmente doloroso, pero significativo, hizo que me diera cuenta de esta penosa cualidad. Resulta pues, que la enamorada de uno de mis entrañables amigos sintió celos de mí. Y todo porque yo solo soy como soy. Una persona a la que le gusta dar de palmadas en el hombro y decir: ¡Qué lindo mi amigo! Pelarles los ojos y mostrales una sincera sonrisa, abrazarme a ellos cada vez que les digo que son lo máximo del puro orgullo o cuando simplemente necesitamos animarnos con algún gesto de afecto.
Pecado mortal fue pues ser tan cariñosa con este amigo. Porque lo metí en problemas, y yo, ni que decir, yo ya estaba hasta las patas de fregada. Hasta famita de quitanovios empezaba a tener.

Mi amigo habló conmigo y me pidio que nos alejáramos por un tiempo, cosa que me afectó demasiado. Sin embargo, se trataba de ayudarlo y ni que decir, pues, caballero. Renuncié a mis manías tan molestosamente afectuosas.

Y por si no fuera poco, ya con mi alicaída reputación hubo una persona que en vez de ayudarme, cosa que estoy segura intentó hacer, me dio la corona y cetro incluido de la quitanovios 2005.

Mi mejor amiga sostuvo una extensa discusión vía MSN con la enamorada de este amigo. En esta fructífera charla, discutieron sobre mi manera de ser. Sobre mi manera de mirar, de saludar, de hablar,…

Esta gran amiga, tuvo la brillante idea de confesarle a la enamorada de mi amigo que ella también se sentía un poco insegura con respecto a mí.

Por esos días mi amiga pensaba que su enamorado y yo éramos el uno para el otro, y que ella era, en realidad, el nexo para que nosotros nos conociéramos. A esto súmenle un texto que ella encontró su computadora escrito por mí*. En este texto eran tres los protagonistas: Una pareja de enamorados que, echados sobre la cama, eran observados sin darse cuenta por un tercero que envidiaba el placer de ambos durante esa noche. Lógicamente el texto no tenía nada que ver con ellos. Tenía sí que ver conmigo y con otros dos, pero no con ellos, bah, tonterías, decía, quien me manda a escribir nada, bah.

Felizmente, el tiempo a uno termina por darle la razón. Mi título Honoris Causa de Manzana de la discordia volvió a relumbrar el día de ayer. Esta vez el honor me fue concedido por mi hermana.

Aún no he logrado entender la situación del todo, pero el cuadro fue más o menos este:
Mi pequeña hermana, de dieciséis, estaba viendo una película en la sala con su enamorado. Ella estaba sentada del lado del comedor, y el del lado de la sala. En una de mis tantas idas y venidas, del cuarto a la cocina, de la cocina al cuarto. El enamorado de mi hermanita me llamó. Y apenas deslizó sus dedos sobre los trastes empezamos a cantar letras de Mar de Copas, Cementerio Club y de José Arbulú.

De pronto fue como si el indio se le saliera a Joyce. Tiró la puerta de la calle y se largó.
La noche caía nuevamente recargada y yo otra vez sobraba, pues al ver que ella se había molestado yo salí a buscarla.

Yo siempre digo que siempre son ellos, los otros, los que terminan por meterme en sus líos. ¿Manzana de la discordia o violín?. Caigo nuevamente en la cuenta de que sino soy lo uno, soy lo otro, o simplemente soy las dos.

¿Qué culpa tengo yo de las inseguridades amorosas del resto? Definitivamente hay quienes deberían hacerse un análisis de su etos, de su tánatos, de su yo o qué se yo. Porque a uno sí que lo ponen en aprietos con esta clase de rollos, de circunstancias que una distraída como yo no puede darse el lujo de tener.

Ser un solitario por oficio y beneficio es una pasión realmente divertida y libertina. Ser músico o manzana, da lo mismo. Lo que no da lo mismo es ser un solitario o un violín o una manzana. He llegado a la conclusión de que ser solitario es por voluntad propia. El ser manzana o violín es una imposición circunstancial. Nadie te pregunta si quieres serlo o no. Tú solo estas de pasadita. Tú solo estás acompañado, intempestivamente, viene un tercero que toma tu puesto. Tú, como siempre, estás ahí. Tú solo andas solo, ¿no?

*Durante las pijamadas en casa de mi mejor amiga solía dedicarme de lleno a escribir durante las madrugadas. Aprovechaba el insomnio, la computadora y el cuarto vacío, que no tenía en mi casa.

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4 Responses to “Solitario por oficio y beneficio”


  1. 1 Rafaela abril 26, 2006 en 8:17 pm

    Como leí en alguna parte 3: el primer número primo, la divina trinidiad, ni mucho ni poco, tres tristes tigres que comen trigo, en realidado si los demás no lo entienden es su problema, y en cuanto a tu título noviliario ya el tiempo te dará la experiencia para sacarle provecho.
    Interesante relato

  2. 2 Rafaela abril 26, 2006 en 10:22 pm

    Como leí en alguna parte 3: el primer número primo, la divina trinidiad, ni mucho ni poco, tres tristes tigres que comen trigo, en realidado si los demás no lo entienden es su problema, y en cuanto a tu título noviliario ya el tiempo te dará la experiencia para sacarle provecho.
    Interesante relato

  3. 3 Anonymous mayo 1, 2006 en 5:02 pm

    Como olvidar mi epoca de 3ra. Sí, como todo humano que sueña ser lunatico pero no llega a marciano(como yo),alguna vez fui una tercera. Mi profesion de solitaria por oficio y beneficio duro 5 años, hasta q por fin tuve vacaciones, un descanso bien pagado por cierto.
    Nunca serás mi tercera. Eres mi primera junto a mi primero, recuerda que te odio y te quiero.Como diria Santa Zoila de las alturas: “Te llevo en mi mente y en mi corazón”.
    El gremio de ex solitarios te saluda y te pronostica prontas vacaciones…y bien pagadas por cierto.
    “Los parecidos con la realidad son pura coincidencia”(La mejor amiga, la 2da,la de la pijamada)

  4. 4 Anonymous mayo 1, 2006 en 5:09 pm

    Como olvidar mi epoca de 3ra. Sí, como todo humano que sueña ser lunatico pero no llega a marciano(como yo),alguna vez fui una tercera. Mi profesion de solitaria por oficio y beneficio duro 5 años, hasta q por fin tuve vacaciones, un descanso bien pagado por cierto.
    Nunca serás mi tercera. Eres mi primera junto a mi primero, recuerda que te odio y te quiero.Como diria Santa Zoila de las alturas: “Te llevo en mi mente y en mi corazón”.
    El gremio de ex solitarios te saluda y te pronostica prontas vacaciones…y bien pagadas por cierto.
    “Los parecidos con la realidad son pura coincidencia”(La mejor amiga, la 2da,la de la pijamada)


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Sara Apaza

1986. Estudiante de CC.CC. de la USMP, periodista multimedia del Grupo RPP y autora de cuanta catarsis se halle en este blog. Contacto: djagainst@gmail.com

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