La nueva Q (Parte 1)

Estoy en el taxi y olvidé mi MP3 en casa. El señor chofer dice: “Señorita ¿le molesta que ponga música para alegrar la mañana?” y yo le contestó: “No, claro que no señor”. Segundos después un sonido tropical inunda el auto como si se tratase de un mar que empieza a desbordarse.

Me impresiona la forma de cómo ha evolucionado la cumbia peruana. Recuerdo que hasta hace 10 años, solo la escuchaba cuando me iba a la casa de mi abuela paterna en el asentamiento humano Flor de Amancaes en el Rímac.

La imagen de mis tíos y abuelos bailando alguna pieza de Los Mirlos después de varios vasos de cerveza y de los pasillos que a mi abuela le agrada escuchar era algo característico de los domingos.

Hasta Chóper 1,la mascota, bailaba “Que no quede huella”. Aquel tema me parecía el más triste de los lamentos.

Una tarde mientras regresábamos a mi casa, escuché esa canción del grupo mexicano Bronco por primera vez. Creo que me puse a llorar, tenía unos 5 años creo y me pareció depresiva total.
De esa época a este período en el que Tongo viaja a Asia y figura en el Circo Beat de Somos, las cosas realmente han cambiado.

La chicha, que es en realidad la cumbia colombiana fusionada con huayco, fue introducida en 1960. Por esos años, algunos grupos de cumbia colombiana visitaron el Perú y dejaron sus primeros legados en artistas como “El Jilguero de Huascarán”, quien fue el primer cantante en mezclar ambos ritmos.

Luego, en los setenta, la agrupación Aguamarina toma como referencia la música colombiana y lanza sus primeros discos. Más tarde, la cumbia norteña asimiló parte de los tonos de la salsa, el bolero y la bachata.

Cuando a Lima le cambió la cara en la década del 80 (más de lo que se modificó en las décadas del 40 y 50) se engendra la palabra chicha. Chicha la música, los oyentes y chichas sus afiches multicolores desparramados por los nuevos conos de la capital.

Diez años después, la tecnocumbia dio pantalla a algunas de los conjuntos de cumbia más antiguos como Armonia 10, Guinda y Néctar. Rossy War inició una movida increíble que culminó con la dictadura establecida por el gobierno de Alberto Fujimori, ex mandatario peruano y actual procesado por acciones en contra de los derechos humanos.

La cumbia de hoy se oye en un escenario diferente. Sus estrellas ya no pisan el tablón del arenal con un semáforo de luces a cada lado.

Los mayores exponentes de este género realizan giras mundiales. Visitan escenarios de lujo que cualquier cantante pop envidiaría y además posan para la publicidad de las grandes marcas del país.

Sentada en el taxi, veo como el señor chofer mueve la cabeza al compás de un ritmo que algún Mirlo o Destello con camisa florida soñó con imponer.

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Sara Apaza

1986. Estudiante de CC.CC. de la USMP, periodista multimedia del Grupo RPP y autora de cuanta catarsis se halle en este blog. Contacto: djagainst@gmail.com

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