Archive for the 'Mis poemas' Category

Abril

abril, cuantas veces tú
me has quitado el aliento
cuántas veces he muerto en ti (y vivido)

yo no sé abril , pero cada año, cuesta más llevarte sobre mis espaldas
y tu angustia no se transforma nunca en sonrisa

pero abril
acaso no has mirado mi rostro
no has visto mis ojos devotos observándote desnudo sobre el lienzo

no has visto que mis mañanas ya no son nubladas y sombrías

yo no sé abril, pero te has marchado sin siquiera darme un beso en la frente
y cantarme una canción de cuna que aliviara tu partida

ausente remolino
me hubieras tomado de los cabellos
me hubieras obligado a quedarme contigo

mi silencio
mi silencio habría aullado tu nombre
estampado el eco de mi voz en todas las paredes

mientras todos respiraban smock y cantaban alabanzas divinas
tú y yo
hubiéramos huído del cielo
descendido
lamiéndonos las espaldas

quitándonos el aliento

amaneciendo en cada uno

el sol

penetrando

todo átomo

y siendo

nuestro deseo

la única salvación para la humanidad.

Pacto y rezo

Luego del maravilloso viaje nos besamos. No representas más que el segundo o tercer personaje en la historia de mi post modernidad y ahora rodeados de andróginos continuamos besándonos. Yo intento mantener el equilibrio, los tacones me están matando y el licor empieza a surtir un efecto casi alucinógeno. Veo tu rostro estampado en las luces y las luces estampadas en tu rostro. Beso cada mejilla tuya en la adorada dirección estelar.

Tú ,mi ser minúsculo, el príncipe de tierras lejanas me acurruca bajo sus alas, me susurra a los oídos la fecha y la hora del pacto y cesa, cesa el alma oscura, cesa sus rezos y empieza a beber mi sangre.

Esta noche es la noche del desprendimiento. Alma y cuerpo desdoblados y dispersos en el sonido de nuestros universos. La divinidad crucificada y resucitada me posee en cualquier bar de cualquier ciudad y sin nombre reposan en él todo el deseo y la gloria de Dios.

Primer duelo

He llegado a este instante sonriendo bajo la media luz de tus espaldas
y sostengo la risa entre el temblor de mis manos.

 

en casa esperan nuestros hijos y la comida servida sobre la mesa
los hermanos, las madres y los abuelos de la nostalgia en esta primera muerte.

 

Llegan flores para mí en el verano…
margaritas de colores sobre la espuma de la media luna
que sueltan su perfume en mi alcoba.

 

Llegan con ellas los espíritus de los santos
y celebran mi entrada al Reino. 

 

Durante la ceremonia,
cargan el féretro las sombras de tu angustia
y los ángeles se posan sobre la tierra que será mi morada.

 

Tú que eres victimario y muerte a la vez,
me arrullas como a un niño
sostienes mi cuerpo en el aire, me haces volar, rozar el cielo con la punta de  mis senos…

 

yo soy un astronauta agradecido,
un Principito fuera del mundo buscando razones y motivos…

mis dedos acarician la línea de tu perfil grueso y níveo, eres un ser extraviado…

 

ahora me ves desde lejos y besas mis mejillas sin recordar tus palabras llenas de ternura. 
Sin aliento debo libar este trago amargo que tú, muerte, me concedes siendo tuya.

Vivos, vivísimos

mi bolígrafo rosa dibuja

la palma etérea de tu corazón palpitante, vivo, vivísimo

al rojo vivo de las mil llamas cuyas venas hierven, viven, vivísimas

en el giro de este volantín llamado vida, de este huracán que nos remece

haciéndonos sentir vivos, vivísimos.

Sin título

escúchame belleza preconcebida

que he hecho el amor hace cinco minutos con tu sombra

y el rostro de tu espejo declama el vaticinio

                  <<el fin no es más que un espléndido principio>>

 

tus palabras cercenadas no han querido más que expresar la inocencia de tu alma

 

eras un ser sensible y sin forma

acuoso y esponjado 

suave y sereno

 

yo te vi tantas veces meditar muy cercano a la azotea subterránea de este canto

 

un verso coral levantó tu espíritu

tu apabullado corazón desató los murmullos y puso el silencio sobre el atrio

el mantel de la mesa se descuelga en los orígenes de tu despedida

 

 

invítame a la cena, de ese amor extraviado que guardó su corazón en la noche

que volará tras ese sueño que le dio la muerte

porque pensando en la miseria veía cosas sutiles y hermosas, porque pensando en ti, muerte, hallaba la paz que las caricias de mis manos intentan.

Sin título

¿es el amor esa puerta, Eduardo?

¿es el amor aquel puente, este fardo, esta cabeza

este fantasma desvelado,

el par de ojos que gritan por el sol y la nueva música,

la vista condenada en la hoguera

atiborrada de infancia e inocencia,

 

la alegría que huyó despavorida mientras el dolor se enmarañaba en sus entrañas

en el vientre fatuo de cualquier desmadre

en la letanía de su sola orquesta,

la banda de la propia muerte

que hace de esta boca no mía?


Sara Apaza

1986. Estudiante de CC.CC. de la USMP, periodista multimedia del Grupo RPP y autora de cuanta catarsis se halle en este blog. Contacto: djagainst@gmail.com

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