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Abril

abril, cuantas veces tú
me has quitado el aliento
cuántas veces he muerto en ti (y vivido)

yo no sé abril , pero cada año, cuesta más llevarte sobre mis espaldas
y tu angustia no se transforma nunca en sonrisa

pero abril
acaso no has mirado mi rostro
no has visto mis ojos devotos observándote desnudo sobre el lienzo

no has visto que mis mañanas ya no son nubladas y sombrías

yo no sé abril, pero te has marchado sin siquiera darme un beso en la frente
y cantarme una canción de cuna que aliviara tu partida

ausente remolino
me hubieras tomado de los cabellos
me hubieras obligado a quedarme contigo

mi silencio
mi silencio habría aullado tu nombre
estampado el eco de mi voz en todas las paredes

mientras todos respiraban smock y cantaban alabanzas divinas
tú y yo
hubiéramos huído del cielo
descendido
lamiéndonos las espaldas

quitándonos el aliento

amaneciendo en cada uno

el sol

penetrando

todo átomo

y siendo

nuestro deseo

la única salvación para la humanidad.

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Primer duelo

He llegado a este instante sonriendo bajo la media luz de tus espaldas
y sostengo la risa entre el temblor de mis manos.

 

en casa esperan nuestros hijos y la comida servida sobre la mesa
los hermanos, las madres y los abuelos de la nostalgia en esta primera muerte.

 

Llegan flores para mí en el verano…
margaritas de colores sobre la espuma de la media luna
que sueltan su perfume en mi alcoba.

 

Llegan con ellas los espíritus de los santos
y celebran mi entrada al Reino. 

 

Durante la ceremonia,
cargan el féretro las sombras de tu angustia
y los ángeles se posan sobre la tierra que será mi morada.

 

Tú que eres victimario y muerte a la vez,
me arrullas como a un niño
sostienes mi cuerpo en el aire, me haces volar, rozar el cielo con la punta de  mis senos…

 

yo soy un astronauta agradecido,
un Principito fuera del mundo buscando razones y motivos…

mis dedos acarician la línea de tu perfil grueso y níveo, eres un ser extraviado…

 

ahora me ves desde lejos y besas mis mejillas sin recordar tus palabras llenas de ternura. 
Sin aliento debo libar este trago amargo que tú, muerte, me concedes siendo tuya.

Sin título

escúchame belleza preconcebida

que he hecho el amor hace cinco minutos con tu sombra

y el rostro de tu espejo declama el vaticinio

                  <<el fin no es más que un espléndido principio>>

 

tus palabras cercenadas no han querido más que expresar la inocencia de tu alma

 

eras un ser sensible y sin forma

acuoso y esponjado 

suave y sereno

 

yo te vi tantas veces meditar muy cercano a la azotea subterránea de este canto

 

un verso coral levantó tu espíritu

tu apabullado corazón desató los murmullos y puso el silencio sobre el atrio

el mantel de la mesa se descuelga en los orígenes de tu despedida

 

 

invítame a la cena, de ese amor extraviado que guardó su corazón en la noche

que volará tras ese sueño que le dio la muerte

porque pensando en la miseria veía cosas sutiles y hermosas, porque pensando en ti, muerte, hallaba la paz que las caricias de mis manos intentan.

Sin título

¿es el amor esa puerta, Eduardo?

¿es el amor aquel puente, este fardo, esta cabeza

este fantasma desvelado,

el par de ojos que gritan por el sol y la nueva música,

la vista condenada en la hoguera

atiborrada de infancia e inocencia,

 

la alegría que huyó despavorida mientras el dolor se enmarañaba en sus entrañas

en el vientre fatuo de cualquier desmadre

en la letanía de su sola orquesta,

la banda de la propia muerte

que hace de esta boca no mía?

Confesiones existenciales (Parte 3)

Hoy soy un cero. Sin izquierda ni derecha, soy un cero. Una sensación de rareza me reseca la boca. Estoy sentada frente a un ordenador que no me oye, que no me habla y que solo vomita códigos binarios.

Soy un cero que quisiera ser uno o menos uno. Un Pi o menos que eso. Me detengo. Hay una paloma muerta y la observo desde el tercer piso. No me asombra, pero me he parado frente a ella sin pronunciar una sola palabra.

Aquel mutismo me abruma y solo tengo unas horas antes de otro dolor de cabeza y otras más después. Llegaré a esa puerta con las mismas ganas de verte. Miraré la luna llena y sentiré el mismo vacío de siempre invadiendo mi corazón.

Será la puerta o la ventana la que atraviese ese rayo al llegar la medianoche. Será la puerta o la ventana que me hará compañía hasta el amanecer. Entablaremos un debate sobre los hombres unidimensionales y callaremos al instante de comer.

Abriré mi bolso y retiraré de él una hoja. Leeré hasta agotarme esa sola línea allí escrita. Me perderé en la nada porque ahora solo quiero eso. Ser nada. Quisiera que mi mundo paralelo tomará las riendas del plano que en este momento cobra protagonismo. Si se invirtieran los roles…

Entonces no habría universidad, ni clases, ni trabajo, ni horas extras, ni pagos que hacer, ni trasnochadas, ni estrés, ni humedad, ni smock. Existiría y solo existiría aquella sonrisa leve que alzo en brazos, aquella otra que me ama desde hace 22 años, y otra que me admira por lo que soy.

El punto es que este cero empieza a sentirse poco menos que un insecto. Una sombra sin cuerpo que anduvo por algún lugar recordando sus pasos. Esta vez, se queda callada porque está rara. Es un cero que quiere ser uno o la sinergia de todo aquello que sume la unidad.

Historias de turistas que se enamoraron del Perú


(Foto: Sara Apaza)

Texto publicado en la página web de RPP

La semana pasada el Perú se convirtió en la última morada de varios turistas que fallecieron por accidente o por robo. Otros, fueron víctimas de asaltos a mano armada y esperan a que la justicia peruana los auxilie. Por suerte, existe el otro lado de la moneda. Un grupo de solidarios norteamericanos y un par de voluntarias alemanas cuentan cuán felices han sido durante su estancia en suelo peruano.

Peregrinos en Chilca
De pie y aplaudiendo acompaña Arthur Ivey, el canto de su amigo Jaime Gatlin, quien comparte con los fieles de la Casa Oración Quechua un tema dedicado a Cristo.  Junto a Arhtur están María Alicia, su esposa, y Josué su hijo, que habla perfecto español y quien se animó a compartir con los pobladores de la comunidad uno de los pasajes bíblicos programados para el día.

La familia Ivey llegó de Estados Unidos al Perú hace siete años y desde su primera misión decidieron instalarse en el distrito de San Carlos en Huancayo. Desde allí se encargan de que la comunidad de Chilca reciba el apoyo necesario para mejorar su calidad de vida.

Arthur es un hombre alto y fornido de unos 50 años y cada vez que habla de su trabajo como pastor, lo hace tratando de inspirar a otros. “Yo llegué aquí hace siete años y sentí que una voz me llamaba a continuar mi labor como profeta desde este lugar”.

Él estudio ingeniería y antes de venir al Perú pasó por momentos muy difíciles, inclusó confesó que intentó suicidarse. Después de ello, él comenta que Dios le manifestó su misión.

A fines de marzo, llegó a Lima un 22 integrantes de la fraternidad misionera  “FUMC”, con el que Arthur había conversado meses atrás para organizar una campaña de salud en la localidad de Chilca en Huancayo.

Los integrantes del FUMC no dudaron en colaborar con la Casa Oración de Chilca y compraron medicamentos y convocaron a pediatras y odontólogos que estuviesen dispuestos a venir a Perú para emprender un nuevo reto.

Un día antes de la campaña, el domingo 30 de marzo, Ann Mary, una linda chica de Missisipi ayudaba a Tyler a colocar las pastillas en paquetes de 30. Mientras, Arthur planificaba todo el itinerario del día siguiente junto a Jaime y María Alicia.

Los pobladores participan activamente de las obras que organiza la Casa Oración que dirige un pastor huancaíno junto a Arthur. Ambos contactan ayuda extranjera para apoyar a la comunidad de Chilca. El distrito, ubicado a 10 minutos de  la plaza de armas de Huancayo, carece de desagüe y de luz en algunas zonas. Solo existe una posta médica, que no logra satisfacer las necesidades de los comuneros.

El almuerzo está listo. La ceremonia de bienvenida ha concluido y todos suben a un aula de la Casa Oración. El lugar es un pequeño salón de clases. Arthur, María Alicia, Josué, Ann, Jaime y los demás almorzarán un puré especial preparado por las mamachas de Chilca.

Aventureras solidarias
Charlotte Nemecke dice: “Tengo frío” y siente que el viento empieza a erizarle la piel. Se apoya en el borde del vagón y mira el paisaje huancaíno con melancolía.

A su lado, una figura muy similar. Lucía Sunder-Plassman, observa el mismo panorama y sube el cierre de la casaca oscura que contrasta con su nívea piel.

Ambas son dos guapas alemanas quienes terminaron el colegio el año pasado y quisieron visitar el Perú luego de finalizar su recorrido por Europa.

Lucía sonríe y comenta: “Nuestros padres no querían que viniéramos. Ellos pensaban que todo el Perú estaba derrumbado por lo del terremoto”.

Sus ojos están rojos, han dormido poco pero están contentas de haber llegado hasta Quichuay, en donde conocieron a los niños y jóvenes de la zona. Ellas hicieron su propio tour por Ingenio, distrito de Huancayo, en donde las casas rústicas se confunden con el follaje.

Ahora, desde el ferrocarril, las dos recuerdan a sus niños de Chosica. A ellos los han dejado en la casa hogar del este de Lima. Ellas cuentan que son voluntarias de un programa alemán que financia la educación de niños peruanos, cuyas familias no tienen recursos para educarlos.

Ellas llegaron hace cinco meses a la capital y cada mes sus familias abonan una determinada cantidad de dinero que sirve para solventar los proyectos educativos de la zona. Sus padres mantienen el contacto con ellas y las apoyan en todo lo que pueden.

“En unas semanas volveremos a Alemania y vamos a extrañar mucho el Perú. Aquí hemos aprendido muchísimo. Ahora tengo en mente estudiar para ser profesora de física y matemáticas”, explica Charlotte mientras liba su último sorbo de cerveza.

Despedida
Lucía y Charlotte partieron esta semana. Los integrantes de la Casa Oración también, ellos salen de Perú hacia sus respectivos países con una sonrisa dibujada en el rostro y el mejor recuerdo guardado en el corazón.

Retrato de Huallhuas

El pequeño hilador
HILOS DE LA INFANCIA EN HUALLHUAS. El pequeño Lazo Maldonado me observa tras el lente de mi cámara. ( Huallhuas- 2008)

Sube a un taxi y a veinte minutos de la plaza de armas de Huancayo está Huallhuas, un pueblo pequeño y cálido conocido por la venta de textiles de llama, oveja y alpaca. En la feria de los Lazo Maldonado encontrarán a este pequeño que aprendió a tejer a los 3 años y ahora ya tiene cinco y nunca, pero nunca falta al colegio.


Sara Apaza

1986. Estudiante de CC.CC. de la USMP, periodista multimedia del Grupo RPP y autora de cuanta catarsis se halle en este blog. Contacto: djagainst@gmail.com

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